El viaje se resolvió en cuestión de horas, minutos, digamos. Programado pero confirmado a ultimo momento, luego de una tarde laboral que finalizaba a las 21, me contacté con la persona indicada y, llamadas va y viene, en un rato se acomodo todo. Confirmado el viaje, faltaban horas solamente para partir. Hice una lista rápida y mental de lo necesario para el viaje: remera, medias un pantalón largo, dos libros porque uno estaba por terminarlo, y con un viaje de más de 7 horas, sabía que se iba a acabar, celulares (sí, plural, porque tengo 2, el más viejo en plan de regalarlo). Mis padres iban a visitar a sus amigos, los empleados del casino, a su lugar de trabajo, como muchas veces en la semana. Aprovechaba el viaje para irme al departamento alquilado en Santa Fe Capital, ya que el colectivo partía de ahí (no del departamento, aunque no hubiese venido mal, sino de la terminal).
Me bañé allá, acomodé las cosas y a leer un rato en el colchón que tengo sin cama, en el piso. Pero me gusta más así. Luego llegó la hora de dormir, levantandome varias veces a acomodar el ventilador que parecía que solo removia el aire en todos lados del ambiente menos donde dormía. Y me miraba fijo, como burlandose el muy chistoso.
Hora de salida del colectivo: 06:05. Despertador: 04:30. Primer tarea, encargar un taxi para las 05:00. A la hora definida salgo a la terminal, el taxista habrá creído que estaba embarazado? Tal vez lo seguía la policía y no me di cuenta, pero la velocidad que llevaba me hacía pensar que tenía el pie pesado.
Una vez arriba del colectivo, hice lo primero que tenía que hacer, como buen lector, saqué mi objeto de lectura, Revista Orsai. Aquí viene la posta de la historia. Un viaje nunca termina de ser completo, para los que les gusta viajar. Si tenemos que volver, queremos que sea ya, cuando quedan solo un par de horas para hacerlo; una vez que llegamos a nuesta casa, cuando haremos el próximo? Viajar es un placer que se disfruta como pocos, que solo tiene su lugar y no lo comparte con nada. Es único. Es para conocer gente, es porque hay en otros lados lo que no tenemos en el nuestro, es porque el espíritu quiere cambiar de barrio para luego extrañarlo y volver, para luego volver a sentirse extraño en donde vive y salir de nuevo a la ruta.
Subirse al colectivo, al avión, o al auto, esperando los minutos para partir a la hora estipulada, mirar afuera (cuando se está sentado del lado de la ventana, porque no se discute, el mejor lado es el de la ventana, salvo que te agarren urgencias fisiológicas que del apuro le pises las piernas a tu vecino viajero) y ver que es lo que hay, casi mirando como saludando todo eso que hay del otro lado del vidrio, es una sucesión de hechos que me pone alegre, me paraliza en esos momentos, y cada vez que eso sucede, digo que es para lo único que quisiera vivir, para volver a hacer siempre lo mismo, ja.
Puede ser de negocios, de placer, de luna de miel, o por perdidas, pero lo que no dejará de ser jamás, es ser renovador de energías. Uno vuelve, por más que uno no descanse demasiado en determinados viajes, con ganas, libre, con pocas preocupaciones, o tal vez con la única, que será volver a la rutina del trabajo.
Para los que quieran conocer una buena historia, entren a este link, del blog Orsai, de la revista mencionada, para seguir promocionandola.
Un abrazo mundial a todos!